¿Has pensado alguna vez en cómo nos comunicamos con los demás a distancia?
¿Y en cómo transferimos el valor, el dinero?
Cuando queremos hablar con alguien que está lejos, antes se usaba el correo postal, luego llegó el teléfono y ahora la email, los chats, etc. Podemos verlos como medios de comunicación cada vez más rápidos, pero en general todos son igual de “directos”: el mensaje va de mí a ti sin ser manipulado por un tercero.
En realidad casi todos los sistemas de comunicación se basan en servidores centralizados donde nuestras palabras, chat, email pasan antes de llegar a destino. Por ejemplo todos aceptamos que Gmail “lea” los emails y por esto nos ofrece gratis sus servicios. Pero no pretendo entrar en eso ahora, lo que quiero destacar es que nuestros mensajes llegan directos e inmediatos al destinatario.
En una sociedad libre, todos consideramos normal y un derecho poder hablar entre personas y trasferir nuestros pensamientos libremente y sin ser escuchados y controlados, es decir con privacidad. ¿Verdad?
Ahora pensamos al dinero y a cómo lo transferimos. Más en general a como transferimos e intercambiamos lo que tiene valor (puede ser dinero o un bien físico, hace miles de años se hacía el trueque).
Cuando vamos a una tienda y compramos algo con dinero en efectivo, entregamos una cantidad de dinero y a cambio nos entregan un bien o un servicio. No hace falta nada más para que la compra-venta se realice.
No hay ninguna persona entre yo y el vendedor que recoja mi dinero y se lo entregue al vendedor, ¿verdad? No hay y no hace falta.
Os gustaría que alguien os dijera, «si vas a comprar una baguette, me tienes que entregar el € a mí y yo le daré tu € al panadero? Y claro, podría tardar un día. Y también podría quedarme con tu € si me parece o alguien me dice de retenerlo».
No, no nos gustaría para nada, no lo aceptaríamos tampoco.
Pero si tenemos que darle el dinero a alguien que está lejos y fuera de nuestro alcance entonces sí aceptamos un intermediario que haga esto para nosotros.
Es normal, no hay otra forma. Este “alguien” se llaman bancos y existen desde hace varios siglos.
¿Porque he querido hablar de intercambio de mensaje y también de dinero? Los he puestos al mismo nivel haciendo unas comparaciones parecidas para ambos tipos de intercambios.
Poder intercambiar mensajes y pensamientos libremente y sin control de un tercero (el derecho a la privacidad) es un derecho fundamental y también debería serlo poder entregar algo nuestro a alguien libremente y sin control de un tercero.
Pero no lo es. Todos sabemos que le entregamos este papel de intermediarios o “tercero” a los bancos. Se llama un “tercero de confianza” porque tenemos que confiar que haga lo que le decimos y hasta se lo agradecemos porque nos permiten enviar nuestro dinero a alguien lejano. Ellos cobran por hacerlo y también tardan días (o semanas si el “otro” está muy lejos) y además pueden quedarse con nuestro dinero si alguien les obliga o si quieren o en el caso peor si lo pierden (si quiebran).
Los bancos también guardan nuestro dinero por nosotros, ya que no es muy práctico guardar todo el dinero que tenemos en efectivo bajo el colchón. No es seguro tampoco. Pero a cambio de guardarlo pueden usar nuestro dinero para darlo prestado a otros.
Pensamos si existiera un dinero que podemos transferir de persona a persona, sin un intermediario, sin un tercero de confianza, prácticamente sin coste, sin barreras geográficas, de forma casi inmediata y completamente segura y sin necesidad de pedir permiso a nadie.
Es decir un dinero que podemos tratar y usar como el efectivo pero digital y por eso transferible con la misma facilidad y privacidad del efectivo pero sin limites de distancia.
Un dinero que podemos guardar nosotros, sin un banco, de forma segura en un monedero protegido por criptografía cuyas claves están solo a nuestro alcance.
Bueno, os doy una buena noticia, este dinero existe, ¡desde hace 14 años más o menos y se llama bitcoin!

Imaginad todo al revés: si algo como Bitcoin existiera desde hace siglos y hoy llegara un banco para proponernos lo que hacen: cobrar para ponerse en el medio de una transferencia de nuestro dinero. Pienso que nos pondríamos a reír y le enviaríamos a freír espárragos.
Todo esto para explicar la mitad de la revolución cultural, o el cambio de paradigma que Bitcoin trae. Sí esto es solo la mitad porque aún no hemos explicado qué es el dinero, quien lo crea, lo emite, como. Y como Bitcoin revoluciona todos estos aspectos también.
Bitcoin trae una promesa de libertad que hasta ahora no era posible, era técnicamente imposible y por eso, para la mayoría, no era ni imaginable.
Intentaremos explicar estos aspectos en otro artículo, STAY TUNED
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